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Día de la paz: manifiesto y homenaje a Ávila

Como explicamos en otra entrada del periódico, durante el curso escolar 2020-21, Ávila nos propuso una actividad muy especial para conmemorar el Día de la Paz: elaborar grullas de papel con nuestros estudiantes. Nos habló entonces de la historia de Sadako Sasaki, una niña japonesa que, tras la explosión de la bomba de Hiroshima, enfermó de leucemia y decidió fabricar mil grullas de papel para pedir un deseo. Sadako soñaba con curarse, pero pronto comprendió que su deseo debía ir más allá de sí misma, y dedicó cada pliegue de papel a pedir paz y curación para todas las víctimas del mundo. No logró completar las mil grullas, pero sus compañeros lo hicieron por ella, y su historia dio origen al monumento que hoy se alza en el Parque de la Paz de Hiroshima, inundado de grullas que llegan desde todos los rincones del planeta como símbolo de esperanza.

Esa historia cobra un significado especial para nosotros. Igual que Sadako, Ávila no consiguió cumplir su deseo de curarse, pero nos deja un legado de fortaleza, bondad y amor por la vida que permanecerá siempre en nuestra memoria. Por eso, desde el Departamento de Matemáticas, Gema Urbano y sus compañeros, propusieron llenar de grullas de papel nuestro instituto el día de su homenaje. Cada una ha representado un deseo compartido de paz, de gratitud y de recuerdo hacia ella. En el día de ayer, para conmemorar el Día de la Paz, hemos querido recoger estas grullas que realizamos con tanto cariño, como explica en el acto nuestro compañero Isaac Naz Lucena, coordinador del programa Escuela Espacio de Paz.

Porque, “quien deja una huella en los demás, nunca desaparece.” Ávila dejó huella en alumnos, compañeros y amigos.